México y la transición hacia la banca 24/7: por qué la preparación para nuevas formas de dinero digital debe convertirse en una agenda integral de negocio

Para los bancos en México, la conversación sobre dinero digital ya no debería tratarse como un tema aislado de pagos ni como una discusión futura reservada para otras geografías. La verdadera pregunta estratégica es más exigente: ¿qué tan preparada está la institución para operar en un entorno de dinero siempre disponible, liquidación en tiempo real, controles regulatorios embebidos y experiencias digitales en las que la relación con el cliente puede cambiar de manos muy rápido?

Esa es la lección más útil que deja la discusión internacional sobre nuevas infraestructuras monetarias. Cuando el dinero empieza a moverse de forma continua, la presión no recae solo sobre la conectividad tecnológica. También pone a prueba la tesorería, el modelo operativo, la arquitectura, el cumplimiento y, sobre todo, la capacidad del banco para seguir siendo visible y relevante ante el cliente.

El reto real no es conectarse a un nuevo rail. Es operar bien en tiempo real.

Muchas instituciones todavía abordan este tipo de cambio como si fuera un proyecto de integración: una nueva wallet, un nuevo esquema, una nueva interfaz. Pero esa visión se queda corta. Un banco puede procesar técnicamente una nueva forma de dinero digital y aun así seguir siendo frágil en la operación diaria.

El problema aparece cuando persisten supuestos heredados de la banca por lotes: conciliaciones diferidas, barridos manuales de liquidez, aprobaciones fuera de flujo, soporte limitado a horario laboral y controles que actúan después de la operación, no dentro de ella. En un entorno 24/7, esas prácticas dejan de ser ineficiencias tolerables y se convierten en riesgos estructurales.

Para la banca mexicana, esto importa especialmente. Muchas organizaciones combinan ambiciones digitales altas con paisajes tecnológicos heterogéneos, presupuestos vigilados de cerca, fuerte dependencia de sistemas core heredados y una presión constante por mejorar experiencia sin elevar desproporcionadamente el costo operativo. En ese contexto, la preparación para dinero digital no puede verse como una capa adicional. Debe convertirse en una agenda de modernización selectiva y de rediseño operativo.

Tres preguntas que la alta dirección debería hacerse ahora

La primera es si la institución puede sostener operaciones y liquidación continua con verdadero control intradía. No basta con tener algunos procesos rápidos si la visibilidad de liquidez sigue siendo tardía o si las excepciones dependen de intervención manual.

La segunda es si el banco está diseñando el cumplimiento como parte del flujo de trabajo. En un entorno de ejecución continua, compliance no puede seguir siendo un paso posterior basado en evidencia fragmentada. El estado objetivo es un modelo de compliance-by-design: monitoreo en tiempo real, controles automatizados, trazabilidad y reglas integradas directamente en pagos, wallets y procesos de servicio.

La tercera es si existe una estrategia real para proteger la primacía del cliente. Ese punto suele subestimarse. El mayor riesgo no es únicamente perder saldo o volumen transaccional. Es permanecer dentro de la cadena de valor mientras otra marca se adueña de la interfaz, del contexto y del momento cotidiano de uso.

La batalla por la wallet también es una batalla por relevancia

Una estrategia mínima de wallet puede cumplir con lo básico, pero rara vez crea diferenciación. Si el banco ofrece una experiencia defensiva, enfocada solo en acceso y cumplimiento, abre la puerta para que otros actores capturen la experiencia diaria del cliente.

Por eso, una estrategia futura no debería limitarse a guardar y mover dinero. Debe ayudar a simplificar onboarding, identidad, consentimiento, pagos contextuales, visibilidad de fondos y servicio multicanal. En términos simples: el banco necesita convertir la wallet y los servicios asociados en una capa de orquestación útil para la vida financiera del cliente.

Esto es especialmente relevante en México, donde la competencia por experiencia, simplicidad y confianza digital puede definir quién mantiene la relación primaria con usuarios y empresas. La pregunta no es solo quién procesa la transacción, sino quién diseña la experiencia que el cliente realmente percibe como valiosa.

Tesorería: el área que deja de ser soporte y pasa al centro de la agenda

Cuando la liquidación es continua, la tesorería deja de operar como una función basada en cierres del día y se convierte en una disciplina de decisión en tiempo real. Eso exige capacidades muy concretas: visibilidad intradía, mejor lectura de fuentes de fondeo y colateral, umbrales automatizados, conciliación más rápida, manejo de excepciones y mecanismos de escalamiento pensados para una operación 24/7.

En muchas instituciones, este es uno de los mayores diferenciales de madurez. Es también donde se vuelve evidente si la organización está preparada para nuevas formas de dinero o si todavía depende de supuestos de otra era operativa.

La implicación para México es clara: la preparación ya no puede tratarse como un programa exclusivo de pagos. Es una agenda de tesorería, riesgo, operaciones y arquitectura empresarial.

Modernizar sin reconstruir todo el banco

La buena noticia es que prepararse para esta transición no exige rehacer por completo la institución. El camino más práctico es una modernización modular y mínimamente invasiva, apoyada en una capa de integración y orquestación que conecte wallets, pagos, liquidez, controles y journeys de cliente sin desestabilizar el core.

Este enfoque importa mucho para bancos medianos, regionales y especializados. No necesitan copiar la lógica de transformación de las instituciones más grandes. Necesitan una hoja de ruta proporcional a su exposición: modular donde la fragilidad es mayor, API-first donde la integración y el ecosistema importan, y centrada en cliente donde la relevancia puede ganarse o perderse.

También implica tomar decisiones deliberadas sobre qué capacidades desarrollar internamente y cuáles resolver mediante componentes reutilizables o alianzas. No toda capacidad faltante debe construirse desde cero. En muchos casos, la ventaja está en cerrar brechas con rapidez, limitar el riesgo de implementación y preservar flexibilidad mientras evolucionan estándares y modelos de mercado.

Del banco por lotes al banco siempre activo

El cambio de fondo es organizacional. Una institución preparada para dinero digital ya no puede operar con silos funcionales, handoffs secuenciales y gobernanza pesada que ralentiza la ejecución. El modelo más resiliente alinea equipos en torno a dominios y flujos de valor, con responsabilidad compartida sobre build, run, risk y change.

Eso no significa menos control. Significa mejor control: reglas embebidas en workflows, aprobaciones automatizadas donde corresponda, trazabilidad en tiempo real y escalamiento claro para eventos verdaderamente novedosos o de alto riesgo.

Para los líderes bancarios en México, la oportunidad es doble. Por un lado, prepararse para nuevas formas de dinero digital y operación continua. Por otro, usar esa preparación como catalizador para fortalecer liquidez, rediseñar el modelo operativo y proteger la relación con el cliente antes de que otros ocupen ese espacio.

Qué puede hacer Publicis Sapient

Publicis Sapient ayuda a los bancos a convertir esta presión en una ruta práctica de transformación. El enfoque combina evaluación de readiness, análisis de brechas, alineación regulatoria, hojas de ruta modulares y arquitecturas de integración pensadas para trabajar con sistemas existentes, no para forzar reemplazos innecesarios.

Eso incluye apoyar a las instituciones en cinco frentes clave: arquitectura e integración, cumplimiento y controles embebidos, pagos y liquidación en tiempo real, preparación de tesorería y liquidez, y estrategia de cliente para proteger primacía en la era de wallets y dinero programable.

La conclusión para México es directa: esperar a que la presión sea exclusivamente regulatoria reduce margen de maniobra y eleva el costo de transformación. Actuar antes permite modernizar con más control, fortalecer la posición frente al cliente y construir una operación más resiliente para la siguiente fase del dinero digital.